Señor Del Rayo

 

Venerado en la Santa Iglesia Catedral de Oaxaca

 

 

 

 

Devoción de los 33 días

 

Oración

 

Heme aquí postrado humildemente ante ti  Señor,

reconociéndome indigno del inmenso amor

 que me muestras muerto por mí en la cruz.

 

Vengo a recordarte por tu misericordia

y por tu corazón traspasado,

todo lo que has sufrido por el bien de mi alma

y por conseguir mi felicidad.

 

Mas;  Señor,

mi alma y todo mi ser padece

tribulación, pena y necesidad; 

por ello vengo ante la Cruz,

que es trono de tu misericordia

para pedirte que me remedies esa necesidad. 

 

Te ruego que mires las lágrimas de María

al pié de tu patíbulo y recuerdes

que ella también es mi madre

y  que en sus labios pongo mi plegaria.

 

Por interseción pues, de Maria Santísima

te encomiendo ... (tal alma, tal asunto...)

 

Te ruego lo mires y después hagas lo que dicte

tu amor que te movió a morir por mi.

 

Señor, yo creo por Ti.

Señor, yo espero en Ti

Señor, yo deseo amarte con todo el corazón.

Señor, ten compasión de mi.

 

(Se reza el Credo, un padre Nuestro, Ave María y Gloria,

 se reza 33 días consecutivos)

Con  licencia Eclesiástica.

 

 

 

Gracias

 

 

Señor, por la paz, por la alegría, por la unión

que los hombres, mis hermanos me han brindado,

por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron.

 

Por esa mano oportuna que me levantó,

por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron,

por esos oídos que me escucharon,

por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron.

 

Gracias, Señor también

por el éxito que me estimuló,

por la salud que me sostuvo,

por la comodidad y diversión que me descansaron.

 

Gracias Señor,

me cuesta trabajo decírtelo,

por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión,

por el insulto, por el engaño, por la injusticia,

por la soledad, por el fallecimiento del ser querido.

 

Tu lo sabes, Señor,

cuan difícil fue aceptarlo,

quizá estuve a punto de la desesperación,

pero ahora me doy cuenta

que todo esto me acercó mas a ti.

  ¡ Tu sabes lo que hiciste !

 

Gracias Señor,  por la fe

Que en Ti me has dado.

 

Por esa fe que se tambaleó

pero que tu nunca dejaste de fortalecer,

cuando tantas veces encorvado

bajo el peso del desanimo,

me hizo caminar en el sendero de la verdad,

a pesar de la oscuridad.

 

 

 

 

 

Historia

 

Es muy poco lo que se sabe sobre la venerada imagen del “Señor del Rayo”.

 

“... Cuando en 1538 llegó el primer Obispo a Antequera (en la actualidad Oaxaca), se encontró sin Catedral, unos cuantos sacerdotes y sin lo básico para una evangelización.  Inmediatamente escribe a España comunicando al Rey tal situación.

 

Costumbre fue de la Monarquía Española sentirse colaboradora del culto divino, obsequiando a las provincias de la Nueva España, objetos religiosos,  libros de culto,  misales e imágenes.

 

El Rey Carlos  V   de Alemania,  I de España, informado de las carencias en la Villa de Antequera, envía una imagen del Señor Crucificado posiblemente en tres piezas; los brazos separados y el cuerpo sin cruz.

 

La Nueva España se estaba formando, los barcos que traían los envíos del Viejo Continente,  no siempre anclaban en el Puerto de Veracruz, llegaban a donde podían.

 

La embarcación que traía al Santo Cristo va a dar a lo que actualmente es Coatzacoalcos, Veracruz, el precioso cargamento es entregado a la autoridad para que lo envíe a Antequera; pero se  presenta un gran problema,  los nativos de esos rumbos probablemente ya cristianizados,  al darse cuente del envío, se apoderaron de la imagen sin permitir que llegara a su destino,  advirtiendo que si los de Antequera querían  a su Cristo que fueran por el, pero que sería inútil porque no se los entregarían.

 

Parece que esta Santa Imagen es muy venerada en un pueblo llamado Otaltitlán, Veracruz.

 

El Emperador Carlos V y Doña Juana fueron informados del robo y resolvieron enviar otro Cristo con la exigencia de ser desembarcado en Veracruz y entregado a las autoridades que debían impedir que hubiera otro plagio, lo que permitió que el obsequio llegará a la Villa de Antequera. Desde entonces,  entre 1540 y 1550 tenemos con nosotros esta querida Imagen de Jesús Crucificado.

 

Trazada la ciudad por Alonso García Bravo, llegó de España Fray Sebastián Ramírez de Fuenleal, señalando el sitio en que se levantaría la Iglesia Catedral, iniciándose su construcción en 1553.

 

Imaginemos una Catedral que se va haciendo poco a poco, con paredes de adobe y techo de paja o zacate;  un jacal muy bien hecho;  pero muy peligroso, propicio para un incendio.

 

Se dice que en una ocasión, durante una tormenta cayó un rayo sobre la techumbre de la incipiente Catedral incendiándose y convirtiendo en ceniza todo lo que estaba en su interior.  Milagrosamente la Santa Imagen del Señor, que también se encontraba ahí fue respetada por el fuego  quedando intacta; parece que de este incidente nació el nombre del “Señor del Rayo”.

 

Nuestra amada Imagen siempre ha tenido mucho culto, el tercer Obispo  de Oaxaca, Fray Bartolomé de Ledesma (1581–1604)  informa a Felipe  II  Rey de España en ese momento que el Santo Cristo es muy venerado.

 

En la época de Monseñor Eulogio Gregorio Guillow y Zavalza  último Obispo y primer Arzobispo de Oaxaca ( 1891-1922 ) es restaurada la Catedral gastando dinero propio y de la Iglesia, abriendo ventanas, colocando vitrales, espejos, pinturas, rejas de hierro, modificando algunas imágenes, etc.;  entre estos trabajos se construyó la actual cruz del Señor que fue mandada hacer a la Casa Pellandinni de México, según catálogo de la misma.

 

Siendo párroco de esta Santa Iglesia Catedral el presbítero Renato Méndez Aquino,  se dio mantenimiento al Santo Cristo y al nicho, se procedió a la celebración de su festividad el día 23 de Octubre de cada año como lo es hasta nuestros días..

 

El Señor a través del tiempo ha tenido mucho culto, nunca se encuentra solo, siempre hay personas que lo acompañan y como dato curioso su capilla siempre ha estado abierta, sin rejas que impidan el contemplarlo de cerca. “

 

 

Tomado del documento elaborado por

el SR. Lic. Don Luis Castañeda  Guzmán.

San Marcial, Oaxaca, Febrero de 1992.

 

 

 

 

 

 

 

 

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